viernes, 28 de febrero de 2014

Un minuto de silencio

Un minuto de silencio por un sueño que fenece.
Un minuto de silencio por una cuna  que ya no mece.
Un minuto de silencio por aquellos desgraciados que carecen
de un corazón que palpita, de sangre que hierve... de una voz que enmudece.
Un minuto de silencio por esa sonrisa que entristece.
Un minuto de silencio por mi actitud pedante
ante una justicia que no libra, más bien castiga,
mitiga mi alma que palidece ante la sonrisa de una niña que ya no crece.

Un minuto de silencio por los que piden paz con capucha.
Un minuto de silencio por un Dios que no escucha
quizá por que no le hablo, quizá porque ya no lucha.

Un minuto de silencio por quien lanza piedra y esconde mano
sin percatarse de que está matando a su hermano
que lucha por un mundo cruel, en vano,
que lucha por sus ideales, por los bienes, por los males.
Un minuto de silencio por el exánime canto de una sirena
muerta porque un hombre prefiere extraer oro de una mena,
pero sigue cantando desesperadamente un canto de condena,
por una realidad triste, por una muerte que su vida frena.

Un minuto de silencio por el amor correspondido
de un amante lapidado y cohibido.
Un minuto de silencio por quien no se mira al espejo
y prefiere latigar un amor puro, sincero y prohibido.

Un minuto de silencio por aquellos sonidos, esas canciones
que no hablan de corazones si no de realidades,
esas verdades que el pueblo escucha y medita.
Un minuto de silencio por esa voz muda que palpita.

Vengo guiado por mi locura dueña de mis acciones,
reclama al mundo entero, quizá sea severo
como el hombre que golpea a un niño con esmero,
como el Padre que viola en noche y en día reparte bendiciones.
Severo como las mentiras de un político hacia mi colectivo.

Este enigma llamado conciencia es la que escribe,
esta que el policía con su golpe redime,
pero nadie conseguirá confundirme.

Voy a guardar un minuto de silencio por la vida que malgasto,
por todas aquellas motivaciones con las que no di a basto,
por observar como mis sueños son cumplidos por otra persona,
un minuto de silencio por tu amada, por tu hermano,
por los que ayer estaban y nunca más te tenderán su mano.