miércoles, 12 de octubre de 2016

¿Una tarde de Abril?

Crepitan las llamas cuando la tarde prende,
arruinando la raíz de la si miente.
Caen las lágrimas de sus gritos ante la mano hiriente,
una desdicha que ni el infortunio de la virtud entiende.

Cuando la mente del demente enfrenta
a un cielo llamarado e inerte,
en la crueldad de la pendiente se pierde el don de gentes
y el cuerdo se ata a la cuerda y los dos perecen.
Quiero imaginar que la salvación no merecen.
Quiero dejar de recordar la mano fúnebre que la cuna mece,
y dudar de esa voz que al tañer de campanas enternece.

¡Qué le pasa al día que la tarde arde!
Rézale a tu Dios que te escuche, en balde.
Mírale a los ojos y que la razón se apiade
si tu amor te ha abandonado no te queda nadie.


Y tu propia cordura se vuelve la llave del candado
inundada en un mar de sangre que has derramado.
Tú mismo ante tu fe has jurado
que dueño de su amor serías porque siempre la has amado.


Qué le pasa al amor si el corazón no arde.
Rézale a tu Dios que te escuche, en balde.
Mírate a los ojos y que la muerte se apiade,
si tu amor has abandonado, no te queda nadie.

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