viernes, 8 de agosto de 2014

De sueños va la cosa



Tiempos eran y tiempos serán, en los lugares donde el tiempo se para.
En aquel pueblo donde no hay sueños ni ilusión; por desconocer lectura quizás, allí la imaginación no fluye. Recubierto de nieblas yacía, en aquel incógnito rincón del mundo. Un niño de aquel pueblo tenía esa luz, que solo los más valientes se atreven  a seguir en su vida.

-Papá, mamá, hoy he soñado que mirando las estrellas, encontré a la mujer más bella y...
-Basta ya, hijo. Soñar es de débiles, no hagas como los miles, que por un simple sueño abandonan su futuro y venden su vida por un duro. Aquí el trabajo es duro, pero seguro.

Del placer de la vida no puede disfrutar, pues por leyes y normas reina monotonía.
Pero él era especial, pues la luz en él brillaba, y era cuestión de tiempo que eligiera su meta a alcanzar, sin fronteras, sin impedimentos. Así que pasaron los días y decidió enfrentarse a sus temores.

-Siento decepcionarte padre, pero por tal arte padezco, no es enfermedad ya que inevitablemente disfruto y no soy difunto por ello.
-¡Qué humillación, tú siempre la excepción! No voy a preocuparme, pues por tal calvario, pasó mi padre; pero él se curó, esto tiene solución.
-La senda de la verdad, obrará en mí piedad. Que me muestre el camino y así será mi destino.

Allí done el agricultor consigue adivinar cuan bueno será su fruto, o el sabio consigue ver el futuro, acudió aquel ilustre joven es busca de su destino. Un bosque oscuro, lleno de luciérnagas que alumbran por la noche, los grillos allí cantaban melodías que parecían tratarse de recitales mágicos.
Cuervos reposaban en las ramas más altas de los cipreses, que te miraban durante todo el recorrido, esperando a que un viajero tuviese un descuido, para arrebatarle la esperanza.

-Senda de la verdad, muéstrame el camino, pues no se cuál es mi sino. Te traigo una ofrenda, pues más no es una ofrenda, pero vale su peso en oro, pues de sueños va la cosa.
-De sueños vive el soñador y por ellos llora. Vienes de un mal pueblo, pero yo el camino revelo mas judgar no debo. Aceptaría tu ofrenda, pero tus sueños tuyos son y de tal pecado no puedo gozar, pues fui persona y aprendía a amar.

Tras este cometido, nuestro pequeño protagonistas, sin más reparo, siguió el sendero. Llegó a un bonito acantilado, desde donde podía apreciar la bonita luna, que junto a las luciérnagas, creaban un claro-oscuro sensacional.

-Oh bonita Luna, tan pura como ninguna, en mis sueños apareces, iluminando la bella duna.
-No te equivoques caminante, pues los sueños bellos son, y a la más nívea  miseria, llevan al pobre herrante. Cuidado con los sueños, cuidado mi querido pequeño.

Reflexionó sobre estas sabias palabras. Cansado del viaje, llegó a una fuente donde no dudó en beber. No tardó en darse cuenta, de que los soñadores lanzaban una moneda a aquel estanque, para ser afortunados. No obstante arrojó una moneda al agua y esta empezó a burbujear como si de un volcán tratase.

-Joven ilusionado, maldita tu fortuna, pues de entre escoria has nacido, y has sabido soñar.
Malditos los dichosos que prohíben soñar, pues yo un día lo hice, y entre monotonía y desgracia, mi alma fue consumida. Corta es la vida amigo, disfrútala como yo te digo.

Aquella fuente poseía un tono de voz fuerte y estridente, y el soñador quedó amedrentado.
Después de mucho caminar y reflexión, se encontró con un anciano, que parecía sereno. Tenía una barba larga y peculiar, ya que poseía todos los colores del arco-iris, en todas sus tonalidades.

-Buenas noches señor, harto estoy de caminar, pues por amar estoy sufriendo.
Llegué a este sendero en busca de respuestas, pero solo logro cuestiones.





-Amor al arte, ¿es malo? Pues con ir a Marte soñaba el hombre, y de entre la muchedumbre el soñador lo consiguió. La fe mueve montañas y los sueños hacen que las arañas sean unicornios.
Fíjate en el arco-iris, pues la lluvia sueña con dar color y no oscuridad, ya que maldad no pretende.
Señor me has llamado, pues tú conoces los sueños de un insecto, ya que corta vida tienen. Imagínate cuál sería su sueño. Antes de seguir mi camino, te dejo un cometido. Recuerda, que de sueños va la cosa.

De repente, apareció una luz del suelo y sin dar paso a más conversación, aquel anciano se transformó en mariposa y voló.
Aquel extraño ser parecía ser un soñador nato, nuestro protagonista continuó caminando y pensando si sería mariposa o simplemente una alucinación.
Ya al filo de padecer desespero por no hallar respuesta, decidió hablar con un ser que siempre nos ayuda a tomar grandes decisiones, simplemente por su sabiduría y experiencia.

-Señora noche, tú testigo de los sueños. Entre nanas los deseos acunas, y entre colchón de plumas reposas. Perdido en un laberinto llamado vida donde no se elegir entre alegría o destino.
 -Abre tus oídos pues solo una vez lo digo. No seré quien elija tu misión en la vida, pero te hablaré como si fuera tu último día. Escritor escribe, cantante canta y soñador sueña. No todos nacemos para lo mismo, pues lo normal es un truco para asustar las estrellas. Emprende ya tu camino, tu corazón será tu testigo.

El joven acabó el sendero, y con esmero se dirigió a su casa, donde su padre esperaba.
Sabía que ese era el último paso para empezar su sueño, y por lo tanto, el más difícil.

-Papá: De sueños vive el soñador, y por ello llora. Tendré cuidado con mis sueños, ya que en miseria puedo sucumbir. Soy afortunado, pues de amargados he nacido, y he sabido soñar. Corta es la vida y disfrutarla debo. Gracias a los soñadores, el mundo es mundo. Aunque nadie me siga en el camino, mi corazón será mi testigo. Porque me ama el que comparte mis tristezas, y mis alegrías, y entre llantos y sonrisas, solo sueños fueron testigos.

El hijo preparó su equipaje, y sin despedirse de nadie partió. Todo el pueblo acudió a su despedida, preguntándose por qué marchaba. Allí no le tenían mucho aprecio, porque en su familia, ya existieron diversas personas que quisieron ``arruinar´´ la confortabilidad de aquel pueblo.

Mientras se acercaba a la salida vio una mariposa, cuyos colores exaltados a la luz de la luna, semejaban a los colores que él nunca pudo apreciar.
El arco-iris nunca llegó a brotar en aquel pueblo, pero aquella noche, el reflejo de la mariposa a la luz de la luna, iluminó a todo el pueblo con aquellos preciosos pigmentos.
Él lo interpretó como una señal de que había elegido el camino correcto.



Antes de abandonar el pueblo, aquel muchacho quiso dejar un legado para que entendieran su marcha.

-¡Cómo dijo la mariposa, de sueños va la cosa!